En el silencio súbito del cobre,
se apaga el pulso de la habitación,
y el hombre, de repente más pobre,
pierde el reflejo de su propia ambición.
No hay luz que guíe el paso vacilante,
solo el vacío negro de un hogar sin red;
la vida se detiene en un instante,
muriendo de frío, de hambre y de sed.
La Sombra de la Angustia
El eco mudo, los electrodomésticos callan su zumbido habitual.
La mano ciega, buscamos paredes que ya no reconocemos.
El tiempo estancado sin relojes de cuarzo, el minuto pesa como un siglo.
Es la desesperación del siglo cautivo,
atado a un cable que hoy dejó de vibrar,
sentirse en las sombras un ser primitivo
que ha olvidado incluso cómo caminar.
Pero en el fondo de esta negrura densa,
donde el miedo ensaya su coreografía,
nace una idea, una llama, una recompensa,
la certeza absoluta de que volverá el día.
No será solo el retorno de la ampolleta fría,
sino un resplandor nuevo, más fuerte y tenaz,
una corriente que no se agota ni se desvía,
forjada en la espera, vestida de paz.
Porque solo aquel que ha probado el olvido de la sombra, sabrá valorar el milagro del interruptor cuando el mundo, finalmente, decida encenderse de nuevo.

Poema de mi autoría.
Imagen tomada de Géminis IA.

