
Ser mamá de Lukas, que acaba de cumplir un año, es una aventura que mezcla alegría infinita con desafíos inesperados. Hay días en los que su risa ilumina mi mundo, y otros en los que sus llantos y gritos parecen no tener razón. En esos momentos, me siento perdida, preocupada y, a veces, irritada. Me pregunto: “¿Por qué me molesta tanto? ¿Soy una mala madre por sentirme así?”
He aprendido que estos momentos no me hacen menos madre; me hacen humana. Cada lágrima, cada grito sin motivo, es también una oportunidad para crecer, para aprender paciencia y para descubrir nuevas formas de conectar con Lukas. No hay manual perfecto, y aceptar mis propias emociones me ayuda a ser más compasiva con él y conmigo misma.
Criar a un pequeño como Lukas que no le gusta estar solo , le gusta caminar mucho , no le gusta estar en su corral , juega suelto en la casa y toca todo lo que no se puede , le encanta la herramientas de papá , los Pozuelos de mamá , me enseña que la maternidad no es solo sobre los momentos perfectos y las sonrisas constantes. Es también sobre reconocer la frustración, aprender a respirar profundo, y recordar que el amor sigue siendo la guía más poderosa. Y aunque a veces me sienta fallando, cada abrazo y cada risa compartida me recuerda que estoy haciendo lo mejor que puedo.
Mensaje para todos los mamás y papas que me lean :
Ser madre es un viaje lleno de incertidumbres y emociones intensas. Aprender a aceptar nuestros momentos difíciles nos permite celebrar, con más gratitud, los instantes de ternura y alegría que hacen que todo valga la pena.
“Hay días que siento que todo se me escapa de las manos, y otros en los que la risa de Lukas me recuerda por qué todo vale la pena. Mamás, papás… ¿les pasa lo mismo? Compartamos estos momentos, porque ser imperfectos también es ser humanos. 💛


