Es cierto, nuestra mente nunca descansa completamente, siempre está en movimiento, buscando respuestas, soluciones o simplemente navegando entre pensamientos.
A veces cargamos con el peso de lo que no hemos hecho o logrado, pero también es importante recordar que no todo tiene que resolverse de inmediato.
Hay belleza en detenerse, en mirar al cielo y encontrar paz en esos momentos de conexión con lo que nos rodea.
Esa pausa, aunque breve, puede ser un recordatorio de que no todo depende de nosotros y que hay cosas más grandes que nuestras preocupaciones diarias.
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