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Esa mañana el alba llegó bostezando y empujando la sombra. Él no había dormido. Llevaba horas midiendo la altitud del techo.
El cielo se vistió de azul con calma extendida en lo infinito.
Entonces llegó el mensaje.
No había nombre. Solo un número que reconoció como herida. Era ella. Y las cuatro palabras que escribió fueron el meteoro que cruzó tres años de silencio duramente construido.
¿Sigues pensando en mí?
El mensaje fue un rayo cayendo en la cicatriz donde ya no debería quedar piel sensible. Cerró los ojos y vio el firmamento de todas las noches que había pasado tratando de no recordarla.
Respondió. Claro que respondió.
Se vieron esa tarde, en el café de la plaza La Candelaria. Ella llegó justo cuando el crepúsculo empezaba a desangrarse. Fue un segundo hecho eclipse, un beso furtivo entre dos amantes que deja al resto del mundo a oscuras. Él olvidó todo lo que había aprendido a olvidar.
Hablaron durante horas. La noche cayó, haciendo que el cielo dejara de fingir y con ella las estrellas: fuegos que el tiempo olvidó apagar. Al salir del establecimiento, sobre sus cabezas pasaron nubes, navíos sin ancla cargando el equipaje de una lluvia que nunca empapó.
En el momento en que él creyó estar en el cénit, ella dijo algo que cambió la geometría de la noche. Dijo que tenía un vuelo. Que había conocido a alguien. Que era una despedida, no un regreso.
Había visto un relámpago, como siempre: primero la luz, luego el daño.
Caminó de vuelta solo por las calles, sus pies en automático. Pensó en los astros, en esas monedas de oro que la noche arroja a la fuente del vacío para que se cumplan los deseos, y supo que había gastado todas sus monedas en el deseo equivocado. Pensó en la luna, esa moneda olvidada por un gigante en el bolsillo de la noche, tan presente y tan lejana. Pensó en la galaxia entera, esa espiral de vértigo donde el tiempo se muerde la cola, y en cómo él llevaba años en una espiral interminable.
Llegó a casa cuando el sol ya amenazaba con volver. Ese corazón encendido que recuerda que mañana siempre es una posibilidad. Se sentó en el suelo con la espalda contra la pared y miró el horizonte que empezaba a mostrarse: esa línea que prohíbe tocar lo que se ve, para que nunca dejemos de caminar.
Pensó en ella como se piensa en una constelación: herida con puntos que alguien coció para no perderse en el vacío. Entendió, por primera vez, que él había sido ese alguien. Y que unir esos puntos había sido su forma de perderse de todas formas.
En algún lugar del infinito, ese sitio donde se esconden todas las preguntas que aún no sabemos formular, la órbita seguía su curso. La danza perfecta entre el deseo de estar cerca y el miedo de colisionar. Sin que ninguno de los dos pudiera detenerse.
Alba
El bostezo de la luz cuando decide que el mundo ya tuvo suficiente sombra.
Altitud
La distancia que el cielo guarda con nosotros, no por soberbia, sino porque sabe que lo inalcanzable despierta el amor puro.
Astros
Monedas de oro que la noche arroja a la fuente del vacío para que se cumplan nuestros deseos.
Azul
La calma extendida en lo infinito. Estado de ánimo de la distancia.
Cénit
El lugar donde el sol se detiene a buscar su propia sombra, justo encima de nuestro orgullo.
Constelación
Herida de estrellas que alguien unió para no perderse en el vacío.
Crepúsculo
La frontera donde el sol se desangra para que la luna pueda nacer en paz.
Eclipse
Un beso furtivo entre dos amantes cósmicos que nos deja a todos a oscuras.
Estrella
Fuego que el tiempo olvidó apagar.
Firmamento
La bóveda que sostiene nuestros sueños sin que lo sepamos.
Galaxia
Una espiral de vértigo donde el tiempo se muerde la cola.
Horizonte
Esa línea que nos prohíbe tocar lo que vemos, para que nunca dejemos de caminar.
Infinito
El lugar donde se esconden todas las preguntas que aún no sabemos formular.
Luna
Una moneda olvidada por un gigante en el bolsillo de la noche.
Meteoro
El instante hecho fuego.
Noche
Cuando el cielo deja de fingir.
Nube
Un navío sin ancla que lleva el equipaje de la lluvia.
Órbita
Es la danza perfecta entre el deseo de estar cerca y el miedo de colisionar.
Rayo
Una cicatriz en el cielo cuando la tormenta no aguanta el silencio.
Relámpago
El flash de la cámara de Dios.
Sol
Corazón encendido que nos recuerda que mañana siempre es una posibilidad.
Todos los derechos reservados. © Copyright 2021-2026 Germán Andrade G.
El contenido original fue escrito para:
Segundo llamado Concurso literario "El tesoro de palabras" por @es-literatos.
Todas las imágenes fueron editadas en CANVA.
*Hago constar que he utilizado la herramienta de revisión gramatical Grammarly.
Desde mi laptop, 15 de abril de 2026.



