
Si hay desapego y receptividad a las transformaciones, los estados de crisis no son más que motivos y oportunidades para la elevación de la consciencia.
Las crisis pueden desencadenar procesos intensos, especialmente a la hora de realizar la parte que nos corresponde. Entonces dichas crisis actúan disolviendo los proyectos personales que impiden que demos los pasos necesarios.
Ante determinadas crisis, el silencio es la actitud más indicada.
Silencio de opiniones, de pensamientos, de juicios y de análisis.
En silencio podemos reconocer, con menos interferencias, el rumbo que debemos tomar.
Las percepciones van cambiando, la comprensión se amplía.
El silencio auténtico pronuncia expansiones de consciencia que transforman nuestro modo de cumplir las tareas y de encarar las situaciones en las que nos encontramos.

Se puede afirmar que en la batalla es donde se adquiere experiencia.
Sin embargo, la batalla real es con las fuerzas retrógradas que aún están en el "sí mismo", en esa lucha, un excelente principio es permitir que la energía interna sea el guerrero, en vez de querer actuar por cuenta propia.
Y, muchas veces, en un fracaso aparente es donde se vence la batalla.

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