Estoy de acuerdo contigo, cuando vivía en casa de mis padres, cada tarde salíamos al patio, hasta entrada la noche, a disfrutar de la naturaleza, y siempre nos visitaban un par de búhos, primero a la distancia, y con el correr del tiempo se mostraban cada vez más cerca, como diciéndonos Hola! A veces a pocos centímetros de nuestros asientos. Sentir la naturaleza es uno de los mejores regalos de la vida!
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