Estoy roto [Also in English]

in Holos&Lotus4 days ago

Los venezolanos, y estoy seguro de que la mayoría de los latinoamericanos, tenemos algo que a muchos que recién nos conocen les llama la atención. Cuando nos preguntan: ¿Cómo estás?, respondemos en automático:

—Estoy bien, estoy chévere.

Y es verdad. Podemos estar atravesando un momento triste, desagradable, con una herida monstruosa por dentro, pero apenas llega la pregunta, contestamos que estamos bien.

Hoy, después de diez días de los potentes terremotos que azotaron el norte de Venezuela, no puedo decir eso.

No estoy bien.

Me siento roto.

En mi mente aparecen una y otra vez frases como: “ya no aguanto”, “estoy molesto”, “quiero que esto cambie”, “estoy cansado”. Y detrás de todas ellas siempre llega la misma pregunta:

¿Hasta cuándo?

Después de esta decena de días, el cuerpo siente que tiembla o, mejor dicho, el cerebro cree que todavía tiembla. Vivo en estado de alerta. No estoy descansando mentalmente y eso es terrible.

He seguido las sugerencias de la terapeuta: hacer ejercicios, meditar, orar, escuchar música, dedicarme a lo que me gusta; en fin, distraer la mente, alejarla de lo sucedido, escribir.

Pero mientras redacto estas líneas, me doy cuenta de que lo que me ocurre no se debe únicamente a los movimientos telúricos ni a revivir aquellos eternos segundos en los que pensé que no llegaría a matricular el 20 de julio, el día de mi cumpleaños. Hay miedo, claro que lo hay, pero no es eso lo que más me atormenta.

Lo que realmente me consume son la tristeza y la impotencia.

No pretendo hablar de política, pero en Venezuela hace años nos metieron en ese abismo absurdo. El régimen creó cajones de la muerte disfrazándolos de soluciones de vivienda. Muchos ya lo sabíamos, pero ahora, en medio de la desgracia, quedó expuesto para todos.

Me invade la tristeza por la cantidad de fallecidos, por las miles de viviendas afectadas o destruidas, por las familias que hoy lloran la pérdida de seres queridos y por quienes aún permanecen desaparecidos.

La impotencia, en cambio, me desborda porque sé que gran parte de esta tragedia pudo evitarse. No hablo solo de educación sismológica. Hablo de quienes han gobernado este país durante más de veinte años; ellos son responsables de muchas de estas muertes por su desidia, por su maldad, por aferrarse al poder a costa del prójimo, por engañar con dádivas.

Esa mezcla de tristeza e impotencia me hierve la sangre. Me lleva a la decepción y, quién sabe, si hasta a la locura.

Cada día que pasa, mientras merodeo por el apartamento, voy descubriendo nuevas arrugas en las paredes. Tal vez, por estar pendiente de otras cosas, no las había visto. Son grietas superficiales que nacieron durante el parto de los terremotos.

Habrá que meterle plata al apartamento.

Pero el bicho se portó como un varón. El edificio fue bravo. No se dejó tumbar; aguantó las sacudidas.

Yo no puedo decir lo mismo.

Estoy coñaceado. Los coñazos fueron monstruosos. Y no hablo solamente de los telúricos, sino de los que vinieron después, al quedar al descubierto las cloacas que ya existían: la opresión, el sálvese quien pueda, odio por parte de quienes deberían ayudar. Todo eso ya existía, pero terminó de evidenciarse en medio de la tragedia.

¿Qué le pasó a mi país?

¿Qué le pasó al ser humano?

Las arrugas de mis paredes también se montaron sobre mí. Siento que de golpe se me sumaron mil años. Me miro al espejo y el tipo que sonreía, que echaba vaina, que siempre encontraba una solución para todo... ese tipo se desvaneció con chasquido de dedos.

Mi balcón y mis ventanas me regalan todos los días un paisaje hermoso. Los amaneceres son espectaculares.

Pero ahora temo asomarme.

Abajo, frente al edificio, hay una funeraria. Esta mañana miré dieciocho pisos hacia abajo y vi cómo descargaban un pequeño congelador para ingresarlo al local. Más tarde un vecino me aseguró que allí dentro había un cadáver. No le creí, pero insistió. Conocía a la familia. El cuerpo había sido rescatado de las ruinas de un edificio en el estado La Guaira.

Ya no quiero asomarme por el balcón.

En medio de tanta oscuridad descubrí algo que me está regalando un respiro.

Buscando música para intentar trabajar, me tropecé con el canto de un sacerdote católico español. El hombre, acompañado únicamente por una guitarra y una muchacha, me regaló —o al menos así lo sentí— una canción que habla de que Jesús está conmigo.

No tienen idea de la emoción tan hermosa que sentí.

Hacía mucho tiempo que no escuchaba esos cantos que suelen acompañar las misas católicas.

Después de escuchar aquella melodía, entré en su canal de YouTube y encontré un verdadero tesoro. Canciones que comenzaron a llenar de paz y de amor mi alma entera. Como sentí que aquello me estaba haciendo bien, seguí escuchando otros cantos similares y así pasé varias horas durante el día de ayer.

Terminé fortalecido.

Después de publicar este texto, pienso hacer una playlist para seguir inyectándome esas caricias musicales y ver si, poco a poco, dejo de sentir que estoy roto.

Definitivamente, Dios siempre encuentra la manera de sorprendernos. Nos regala remedios para aliviar aquello que nos aqueja. En mi caso, ese remedio ha sido la música y, especialmente, estos cantos que acompañan las misas.

Por ahora, esa música es mi bolsa de hielo para aliviar tanto dolor, tanto miedo y tanta impotencia.

¿Por qué escribí todo esto?

Una razón es que la terapeuta me lo sugirió. Escribir lo que siento parece aliviarme.

La otra es que, al descubrir estos cantos, experimenté una paz tan profunda que sentí el deseo de compartirlos. Tal vez puedan ayudar, aunque sea un poco, a alguien que esté viviendo algo parecido a lo que hoy me toca vivir.

Ojalá muy pronto pueda volver a responder cuando me pregunten cómo estoy:

¡Estoy muy bien!

© 2021-2026 Germán Andrade G. Todos los derechos reservados.

La imagen fue editada con CANVA.

*Es mi responsabilidad compartir con ustedes que, como hispanohablante, he tenido que recurrir al traductor Yandex Translate para llevar mi contenido original en español al idioma inglés. También hago constar que he utilizado la herramienta de revisión gramatical Grammarly.

4 de julio de 2026


English

Broken

Venezuelans—and I’m sure most Latin Americans—have a trait that often catches those who are just getting to know us off guard. When asked, "How are you?", we reply automatically:

—I’m doing well, estoy chévere.

And it’s true. We could be going through a dark, miserable moment, carrying a monstrous wound deep inside, but the second the question is asked, we say we’re fine.

Today, ten days after the powerful earthquakes that struck northern Venezuela, I cannot say that.

I am not okay.

I feel broken. Sad.

Phrases keep looping in my mind: “I can't take this anymore,” “I’m angry,” “I want this to change,” “I’m exhausted.” And right behind them, the same question always follows:

How much longer?

After these ten days, my body still feels like it's shaking—or rather, my brain believes it's still shaking. I am living in a constant state of alert. I’m getting no mental rest, and it’s exhausting.

I’ve followed my therapist's advice: exercise, meditate, pray, listen to music, do what I enjoy; in short, distract my mind, move it away from what happened, write.

But as I type these lines, I realize that what’s happening to me isn’t just about the tremors, or about reliving those minutes when I thought I wouldn't make it to July 20th, my birthday. There is fear, of course there is, but that’s not what torments me the most.

What is truly consuming me is sadness and helplessness.

I don’t mean to talk about politics, but years ago, Venezuela was dragged into this absurd abyss. The regime built death traps, disguising them as housing solutions. Many of us already knew it, but now, in the midst of tragedy, it has been exposed for everyone to see.

I am overwhelmed by sadness for the number of casualties, for the thousands of damaged or destroyed homes, for the families mourning lost loved ones today, and for those who are still missing.

Helplessness, on the other hand, overflows within me because I know much of this tragedy could have been prevented. I’m not just talking about earthquake awareness. I am talking about those who have governed this country for over twenty years; they are responsible for many of these deaths through their neglect, their malice, their clawing at power at the expense of others, and their deception with crumbs.

That mixture of sadness and helplessness makes my blood boil. It drives me to disillusionment and, who knows, maybe even to madness.

Every passing day, as I wander through the apartment, I discover new wrinkles on the walls. Maybe, because I was focused on other things, I hadn't noticed them before. They are hairline cracks born during the labor of the earthquakes.

I’ll have to sink some money into this apartment.

But the old place held up like a champ. The building was tough. It didn't let itself be brought down; it stood its ground through the shaking.

I can’t say the same for myself.

I am beaten to a pulp. We are battered. The blows were monstrous. And I’m not just talking about the seismic ones, but also about what came after, as the existing sewers were laid bare: the oppression, the "every man for himself" mentality, the hatred from those who are supposed to help. All of that was already there, but it fully came to light in the middle of the tragedy.

What happened to my country?

What happened to humanity?

The wrinkles on my walls crawled onto me too. I feel like I aged a thousand years overnight. I look in the mirror and the guy who used to smile, who would joke around, who always found a way to fix everything... that guy vanished in the blink of an eye.

My balcony and windows give me a beautiful view every single day. The sunrises are spectacular.

But now, I’m afraid to look out.

Down below, right in front of the building, there is a funeral home. This morning, I looked down eighteen floors and saw a small freezer being unloaded into the establishment. Later, a neighbor assured me there was a body inside. I didn't believe him, but he insisted. He knew the family. The body had been pulled from the rubble of a building in La Guaira state.

I don’t want to look out the balcony anymore.

In the midst of so much darkness, I discovered something that is giving me a breather.

While looking for music to try and get some work done, I stumbled upon the songs of a Spanish Catholic priest. The man, accompanied only by a guitar and a young woman, gave me—or at least that’s how it felt—a song about Jesus being with me.

You have no idea what a beautiful emotion I felt.

It had been a very long time since I heard those hymns that usually accompany Catholic masses.

After listening to that melody, I went onto his YouTube channel and found a real treasure. Songs that began to fill my entire soul with peace and love. Since I felt it was doing me good, I kept listening to similar hymns and spent several hours doing just that yesterday.

I came out of it strengthened.

After publishing this piece, I plan to make a playlist to keep injecting myself with those musical caresses and see if, little by little, I stop feeling so broken.

Ultimately, God always finds a way to surprise us. He gives us remedies to soothe what ails us. In my case, that remedy has been music—specifically, these mass hymns.

For now, that music is my ice pack to ease so much pain, so much fear, and so much helplessness.

Why did I write all this?

One reason is that my therapist suggested it. Writing what I feel seems to bring me relief.

The other is that, upon discovering these hymns, I experienced a peace so profound that I felt the urge to share them. Maybe they can help, if only a little, someone who is going through something similar to what I have to live through today.

I hope very soon I can answer again, when someone asks me how I am doing:

I'm doing great!

© 2021-2026 Germán Andrade G. All rights reserved.

The image was edited with CANVA.

July 4, 2026

It is my responsibility to share with you that, as a Spanish speaker, I have had to resort to the translator Yandex Translate to translate my original Spanish content into English. I also state that I have used the grammar-checking tool Grammarly.

Sort:  

Es conmovedor leer tus palabras y sentir la profundidad de tus emociones en este momento tan difícil.
Es comprensible que te sientas roto y abrumado por la tristeza y la impotencia ante las circunstancias que estamos viviendo.
La música y la fe pueden ser un refugio poderoso para el alma, y es alentador saber que has encontrado consuelo en esos cantos que te brindan paz.
Espero que continúes encontrando momentos de alivio y fortaleza a través de ellos.
No estás solo en este camino, y compartir tu experiencia puede ser un bálsamo tanto para ti como para mí y para otros que atraviesan situaciones similares.
Te envío un abrazo solidario y mis mejores deseos para que pronto puedas sentirte mejor.

!ALIVE
!BBH
!UNI

Hola, @edgerik.

Hay una parte en mi texto en la que me hago un par de preguntas: ¿Qué le pasó a mi país? ¿Qué le pasó al ser humano?

En el momento en que escribí esas interrogantes, la decepción y el disgusto me tenían secuestrado y me llevaron a ser egoísta. Lo digo porque después de leer tu comentario y el de @damarysvibra —a los cuales les sumo la cantidad de personas que están ayudando y aportando desde cualquier lugar con donaciones, equipos y, en fin, con humanidad y solidaridad— no puedo más que responder a esas preguntas: el ser humano, en esencia, es maravilloso; está dispuesto a dar apoyo y a abrazar sin importar la distancia, la religión o el idioma. Sus comentarios son un ejemplo de la verdadera condición humana y un alivio en estos momentos que ahogan el alma. Gracias, amigo.

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Hola @germanandradeg. Me alegra saber que "estás bien" en medio de esa ruptura que sangra, que no es cierto que pasará con el tiempo porque la cicatriz aunque no sea visible sabemos y sentimos que está allí. Amigo aquí no hay receta que valga, cada uno encontrará su camino para sanar el alma, me conmueve saber que los cánticos religiosos te den un poco de paz. Un fuerte y cariñoso abrazo.

Amiga @damarysvibra, muchas gracias por tan cálidas y empáticas palabras. Valoro mucho tu apoyo en este proceso. Mi eterno cariño para ti y tu esposo. ¡Bendiciones para toda la familia!
!ALIVE