"Golpes como del odio de Dios", dice el poema y realmente es eso lo que sentimos cuando algún acontecimiento fatal llega a nuestra vida y nos quiebra. Así como ese jugador de boxeo que recibe mil golpes y cae una y otra vez a la lona, pero una y otra vez debe levantarse, así debemos hacer para continuar en la pelea. Y la pelea termina cuando papito Dios suene el silbato. Mientras, seguimos resignificando cada acontecimiento, cada caída, cada batalla, porque rendirse nunca. Saludos
You are viewing a single comment's thread from: