🇬🇧

I dedicate myself to being a street vendor.
It is not a simple job, although from the outside it may sometimes seem like it. It has its good things and its bad things, like everything in life, but here everything feels more direct, more intense. Every day is different, and you never really know how it is going to go.
There are good days. Days when people buy, when movement is constant, when there is almost no time to stop because everything flows. Those days give energy, they give motivation, and you feel that the effort is worth it.
But there are also bad days. Days when competition is strong, when people walk past, when you offer and it is not enough. Days when tiredness feels heavier and time seems not to move as it should.
And in the middle of all that, there is something that becomes the most important: constancy.
Because if there is something I have learned, it is that you cannot stop. You cannot give up because of a bad day, or because of a bad streak. You have to be there, always, keep trying, keep walking, keep offering, keep moving forward.
Sometimes there are even days when I cannot keep up with everything I have to do, when everything piles up, when demand or movement is more than I expected. And even so, you have to adapt, reorganize, and keep responding however you can.
The street does not wait. Life does not wait. And this job does not either.
That is why I understand that this is not just about selling. It is about resistance. About learning to stay calm in the middle of movement, not falling when things go down, and not losing your mind when things go up too much.
In the end, the only thing that truly holds this path together is a simple but powerful idea: keep going.
Keep going even on bad days. Keep going even with competition. Keep going even when the body is tired. Keep going because stopping is not an option if you want to move forward.
And so I go, step by step, day by day, learning that in this job — as in life — constancy is the only thing that never loses value.

I will never get tired of thanking the BBH community 💪, @thebbhfoundation and @thebbhproject
Their creator @bradleyarrow and my mom from Canada @cathyarrow
I hope we can all be together soon.
Thank you for your support and God bless you 🙏🙏🙏
🇪🇸

Vender no es una línea recta. No es un camino donde cada día se repite el éxito ni donde todo sale como uno espera. Es más bien un movimiento constante entre dos extremos: días en los que todo fluye y días en los que parece que nada responde.
Hay jornadas en las que la gente compra, escucha, pregunta, se interesa. El ánimo sube, el cuerpo se siente ligero, y uno cree que ya entendió el ritmo del trabajo. Esos días engañan un poco, porque hacen pensar que siempre será así.
Pero luego vienen otros días. Días en los que el esfuerzo parece invisible. En los que caminas, ofreces, explicas… y aun así las manos regresan vacías. Días donde el cansancio pesa más y la motivación se esconde detrás de la rutina.
Y es ahí donde muchos se equivocan: creen que el problema es el trabajo, o que ellos no sirven para esto. Pero la verdad es otra más simple y más dura a la vez: vender es constancia.
La constancia no se ve bonita. No tiene el brillo de un buen día ni la satisfacción inmediata de una venta lograda. La constancia es levantarse igual, aunque ayer no haya salido bien. Es volver a intentarlo sin garantía. Es repetir el proceso sin saber cuándo llegará el resultado.
Con el tiempo, uno entiende que los días malos no son el enemigo. Son parte del proceso. Son los que enseñan a tener paciencia, a ajustar estrategias, a observar mejor a las personas, a mejorar la forma de hablar, de ofrecer, de escuchar.
Porque vender no es solo hablar de un producto. Es aprender a leer el momento, a entender a las personas y a no perder la calma cuando las cosas no salen como se planean.
También se aprende algo importante: los resultados no siempre son inmediatos. A veces el trabajo de hoy no se ve hoy, sino mañana, o dentro de varios días. Y eso exige algo más difícil que la habilidad: exige disciplina emocional.
Seguir cuando no hay motivación. Seguir cuando el cansancio pesa. Seguir cuando parece que nadie está mirando.
Al final, la diferencia entre alguien que abandona y alguien que avanza no está en los días buenos. Está en lo que hacen en los días malos.
Porque los días buenos llegan solos. Pero la constancia se construye.
Y es esa constancia, silenciosa y muchas veces invisible, la que poco a poco transforma un trabajo difícil en un camino posible.
Ser vendedor ambulante: entre días buenos, días malos y la constancia de seguir adelante
dedicarme a ser vendedor ambulante.
No es un trabajo simple, aunque desde fuera a veces pueda parecerlo. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo en la vida, pero aquí todo se siente más directo, más intenso. Cada día es diferente, y nunca sabes exactamente cómo va a salir.
Hay días buenos. Días en los que la gente compra, en los que el movimiento es constante, en los que casi no hay tiempo para detenerse porque todo fluye. Esos días dan energía, dan ánimo, y uno siente que el esfuerzo vale la pena.
Pero también hay días malos. Días en los que la competencia es mucha, en los que las personas pasan de largo, en los que uno ofrece y no alcanza. Días donde el cansancio pesa más y donde parece que el tiempo no avanza como uno quisiera.
Y en medio de todo eso, hay algo que se vuelve lo más importante: la constancia.
Porque si hay algo que he aprendido es que no se puede detener uno. No se puede rendir uno por un mal día, ni por una mala racha. Hay que estar ahí, siempre, volver a intentarlo, seguir caminando, seguir ofreciendo, seguir adelante.
A veces incluso hay días en los que no doy abasto para todo lo que tengo que hacer, donde todo se junta, donde la demanda o el movimiento supera lo que uno esperaba. Y aun así, hay que adaptarse, reorganizarse, seguir respondiendo como se pueda.
La calle no espera. La vida no espera. Y este trabajo tampoco.
Por eso entiendo que esto no se trata solo de vender. Se trata de resistencia. De aprender a mantener la calma en medio del movimiento, de no dejarse caer cuando las cosas bajan, y de no perder la cabeza cuando las cosas suben demasiado.
Al final, lo único que realmente sostiene este camino es una idea simple, pero poderosa: seguir.
Seguir aunque haya días malos. Seguir aunque haya competencia. Seguir aunque el cuerpo esté cansado. Seguir porque detenerse no es una opción si uno quiere salir adelante.
Y así voy, paso a paso, día tras día, aprendiendo que en este trabajo —como en la vida— la constancia es lo único que nunca pierde valor.

No ve voy a cansar de agradecer a la comunidad BBH 💪 a @thebbhfoundation y @thebbhproject
A su creador @bradleyarrow y a mí mamá de Canadá @cathyarrow
Espero pronto estemos juntos
Gracias por su apoyo y que Dios los bendiga 🙏🙏🙏