[Eng./Esp.] The whistle of conscience. || El silbato de la conciencia.

in Freewriters14 days ago


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The whistle of conscience


The icy January wind in Ottawa has a peculiar quality: it not only freezes your cheeks, but it also awakens you. Walking through the snowy streets or passing near the frozen Rideau Canal, watching people skate, is to witness a coordinated dance where balance is everything. Here, in the heart of English-speaking Canadian culture, life sometimes feels like a giant ice hockey game: fast-paced, sometimes rough, but governed by unwritten rules of honor.

It was while watching a game at a community rink that I heard an elderly man comment on a controversial referee call: “He is just doing his job. He is the referee in the game of life for those kids.”

That phrase, “Referee in the game of life,” echoed in my mind longer than the sound of the puck hitting the fence.



Eulogio Silverio

In Canadian culture, respect for the rules and civility are fundamental pillars. It’s no coincidence that the stereotypical Canadian is someone who apologizes (“Sorry!”) even when you bump into them. But where does that impulse come from? It doesn’t come from the written law or the Royal Canadian Mounted Police; it comes from something deeper.

I realized that this “referee in the game of life” isn’t an external figure dressed in black and white stripes. That referee is our conscience.

Just like on the ice, the game of our existence is dizzying. We skate at full speed between decisions, work relationships, family conflicts, and personal ambitions. Sometimes, adrenaline pushes us to play dirty, to trip someone up emotionally, or to shoulder the burden to gain an advantage. And that’s when the whistle blows.

Our conscience is that impartial judge we carry within us. Unlike an NHL referee who can make mistakes due to poor eyesight, our conscience sees everything. It knows when our intentions weren't pure, when our words were offside, and when we committed an unnecessary foul against someone we love.

Conscience acts the same way. When we ignore its warnings, the “punishment” isn't a fine; it's remorse. It's that cold, isolated feeling, much like a northern winter, where we're left alone with our thoughts, knowing we could have played better. That inner referee shapes our lifestyle: it determines whether we'll play a clean, elegant, and honourable game, or whether we'll be known as rough and selfish players.




Come and participate, there's still time. You can find all the information daily in the #Freewritehouse Community. Specifically, today's prompt post:


PROMPT: «referee in the game of life»



Cover of the initiative.










Dedicated to all those writers who contribute, day by day, to making our planet a better world.





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El silbato de la conciencia


El viento helado de enero en Ottawa tiene una particularidad: no solo te congela las mejillas, sino que te despierta. Caminar por las calles nevadas o pasar cerca del Canal Rideau congelado, viendo a la gente patinar, es presenciar una danza coordinada donde el equilibrio lo es todo. Aquí, en el corazón de la cultura angloparlante canadiense, la vida a veces se siente como un inmenso partido de hockey sobre hielo: rápido, a veces rudo, pero regido por reglas de honor no escritas.

Fue observando un partido en una pista comunitaria (community rink) cuando escuché a un anciano comentar sobre una decisión polémica del árbitro: “He is just doing his job. He is the referee in the game of life for those kids” (Solo hace su trabajo. Él es el árbitro en el juego de la vida para esos chicos).

Esa frase, “Referee in the game of life”, se quedó resonando en mi mente más tiempo que el eco del disco golpeando la valla.



Eulogio Silverio

En la cultura canadiense, el respeto a las reglas y la civilidad son pilares fundamentales. No es casualidad que el estereotipo del canadiense sea alguien que pide disculpas (“Sorry!”) incluso cuando tú lo chocas a él. Pero ¿de dónde viene ese impulso? No viene de la ley escrita ni de la policía montada; viene de algo más interno.
Me di cuenta de que ese “árbitro en el juego de la vida” no es una figura externa vestida a rayas blancas y negras. Ese árbitro es la conciencia.

Así como en el hielo, el juego de nuestra existencia es vertiginoso. Patinamos a toda velocidad entre decisiones, relaciones laborales, conflictos familiares y ambiciones personales. A veces, la adrenalina nos empuja a jugar sucio, a hacer una zancadilla emocional o a golpear con el hombro para ganar una posición. Y es allí donde suena el silbato.

La conciencia es ese juez imparcial que llevamos dentro. A diferencia del árbitro de la NHL que puede equivocarse por falta de visión, nuestra conciencia lo ve todo. Sabe cuándo nuestras intenciones no fueron limpias, sabe cuándo hubo “fuera de juego” en nuestras palabras y cuándo cometimos una falta innecesaria contra alguien que amamos.

La conciencia actúa igual. Cuando ignoramos sus advertencias, el “castigo” no es una multa; es el remordimiento. Es esa sensación de aislamiento frío, muy similar al invierno del norte, donde nos quedamos solos con nuestros pensamientos, sabiendo que pudimos haber jugado mejor. Ese árbitro interno es quien le da forma a nuestro estilo de vida: define si jugaremos un juego limpio, elegante y honorable, o si seremos conocidos por ser jugadores toscos y egoístas.




Ven y participa; aún estás a tiempo. Toda la información la podrás encontrar cada día en la Comunidad #Freewritehouse. Específicamente, el día de hoy, aquí la publicación del prompt:


PROMPT: «árbitro en el juego de la vida»



Portada de la iniciativa.






Dedicado a todos aquellos que, día a día, con su arte, hacen del mundo un lugar mejor.





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