Feliz día.
De este lado del Atlántico es temprano; quizás los amigos de la otra orilla ya estén haciendo seda.
Aunque nací en la tierra donde la hora de la siesta es sagrada, no adquirí el hábito, pero estos días con frecuencia me recuesto después de comer y, luego de una hora o algo parecido, me despierto buscando un chupito de café. Listo para lo que traiga la tarde.
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