En nuestro camino de regreso mi hija planifico una entrada a Córdoba para ver la mezquita, la catedral y el puente sobre el río Guadalquivir, aquel sonido de sus aguas era fuerte. Yo me quedé dormida en el viaje, cosa rara en mi cuando manejan otras personas, pero me sentía tranquila con mis dos conductores mi yerno Adrián y mi hija Lourdes.

Pero les tengo que confesar que necesitaba al despertarme ir al baño, así que el panorama de caminar el puente, ver la mezquita sin desaguar y más con el ruido de las aguas estuvo difícil. Tomé algunas fotografías y a buscar una estación de servicio o un automercados cercano. Si aquí es obligatorio que todos tengan acceso a estos aseos, no como el Venezuela que están cerrados, muchas veces sucios o simplemente no te lo prestan porque no hay agua. Es una realidad que espero que cambie para bien.


Así que me perdonen el debí tomar más fotos que estuvo presentándose en Madrid. Pero a veces es una realidad y me canso. Me encanta la energía de mi hija porque visite todo, la verdad son oportunidades únicas que valen la pena, pero a veces tengo que recordarle que no tengo tanta juventud pero si ganas de conocer.


El río Guadalquivir se escuchaba y se veía con gran fuerza entre sus aguas.






En el camino de regreso además de los toros (Toro de Osborne) con los que van entreteniendo a los niños encontramos otras figuras un burro (obra de Fernando Sánchez Castillo) y otra que todavía no le sé el nombre. Espero averiguarlo pronto.


No sé si es un hombre o un cactus gigante que siembra la tierra. Había inmensos campos de girasoles en la vía, siembras de muchas plantas de tomate, olivos.
Y la electricidad generada por paneles solares o estás inmensas aspas llamadas aerogeneradores. Eso se llama aprovechar lo que nos da la naturaleza.



Ya en Madrid para descansar de las vacaciones.
No vemos en el próximo camino.
