Lo mío era más por distracción y torpeza que voluntario. Me fascina el fuego y me solía encargar del fogón de leña cuando estaba en la casa de la abuela, pero no era que me pusiera a quemar cosas por gusto.
Lo que más recuerdo haber quemado eran paños de cocina que había dejado mal puestos.
En otras cosas, también pasaba que tenía que tener cuidado cuando quemábamos las hojas que habíamos barrido del patio grande de la casa vieja, pero como no lo hacía yo solo, entonces era menos probable que algo malo pasara.