Inquilino en esta vida y en la siguiente, he conocido caseros a los que consideré amigos y otros. Bueno, cada quien con su conciencia. Emigré y vuelvo a pagar alquiler, mientras mi casa me espera a la vuelta. La verdad, no me animé a alquilar porque, como dicen, caras vemos, corazones no sabemos.
Marchante de arte, me parece una bella y lucrativa actividad. Buena suerte, Leonardo.