La Renta y el Lienzo [Also in English]

in Freewriters3 days ago

Junio.jpg

—¡No me alcanza para la renta!

Esa fue la frase que me dijo mi inquilino cuando fui a cobrar la deuda del mes.

Tengo un apartamento en la zona este de la ciudad, en una de las urbanizaciones más emblemáticas. Durante décadas ha sido hogar de familias migrantes que llegaron al país buscando oportunidades. Allí convivieron españoles, italianos y portugueses. Con esa comunidad crecí, hice grandes amigos y compartí buena parte de mi vida. Casi todos nos conocíamos: crecimos juntos, nos casamos y, con el tiempo, muchos terminaron emigrando.

Cuando mis padres fallecieron, el apartamento quedó en manos de nosotros, sus hijos. Entre todos se decidió que me encargara de administrarlo.

Como cada uno había adquirido su propia vivienda, el apartamento familiar quedó prácticamente vacío. Lo visitábamos para limpiarlo, pagar el condominio y compartir alguna noche entre hermanos. Era una forma de mantenerlo vivo y evitar que pareciera abandonado, algo importante en una época en la que los delincuentes y los invasores encontraban oportunidades en cualquier propiedad desocupada.

En una de esas reuniones familiares, varios de mis hermanos me anunciaron que también se marcharían del país. Como ya he contado en otras ocasiones, Venezuela atravesaba tiempos difíciles y la sensación de abandono se respiraba por todas partes. Yo decidí quedarme. Entre todos acordamos alquilar el apartamento para que no permaneciera vacío. Además, había una razón de peso: antes de morir, papá nos pidió que nunca lo vendiéramos.

El inquilino fue un señor llamado Leonardo, un artista dedicado a la pintura al óleo.

Al principio tuve mis reservas. Temía que pudiera ser una de esas personas que se aprovechan de las propiedades ajenas. Sin embargo, un vecino de confianza me habló muy bien de él. Me aseguró que era responsable y cumplidor.

Y así fue.

Durante años pagó puntualmente cada mes.

Hasta que llegó el primero de junio de este año.

Revisé la cuenta bancaria donde realizaba los depósitos y noté que no había ningún movimiento. Pensé que tal vez había tenido algún inconveniente y decidí darle unos días.

El 4 de junio volví a revisar.

Nada.

Intenté llamarlo por teléfono y descubrí que ya no tenía el mismo número. Según me informaron, había vendido el aparato junto con la línea.

Era hora de visitarlo.

Mientras conducía hacia Chacao, donde se encuentra el apartamento, mi mente comenzó a fabricar toda clase de escenarios. Pensé que quizá había decidido dejar de pagar y quedarse con el inmueble. También imaginé que no había logrado vender sus obras y estaba atravesando una situación económica complicada. Incluso llegué a pensar que algo peor podía haber ocurrido. A un amigo le sucedió una historia semejante con uno de sus inquilinos.

Al llegar al edificio me encontré con los vecinos de siempre: viejos amigos de mi padre y algunos de sus hijos. Conversamos unos minutos sobre la situación interminable del país y luego les pregunté por Leonardo.

Todos respondieron lo mismo:

—Tenemos tiempo sin verlo.

Aquello no hizo más que aumentar mis sospechas.

Subí hasta el apartamento.

Toqué la puerta.

Esperé.

Presioné el timbre.

Esperé de nuevo.

Finalmente, la puerta se abrió.

Leonardo me saludó sin levantar la mirada.

Le devolví el saludo y, con toda la cortesía posible, le expliqué que estaba preocupado porque no había podido comunicarme con él y tampoco había recibido el pago correspondiente al alquiler.

Entonces llegó un silencio ensordecedor.

Leonardo seguía mirando al suelo.

Y habló.

—No me alcanza para la renta. Apenas estoy comiendo una vez al día. Las pinturas no se están vendiendo.

Después me mostró algunas de sus obras.

Lo que vi me colocó en modo fascinación.

Aquellas pinturas eran extraordinarias. Hacía mucho tiempo que algo que no fuera mujer no capturaba mi atención de esa manera. Era una caricia para mis ojos.

Mientras observaba aquellas obras, mi mente comenzó a trabajar a toda velocidad.

Y de pronto… una solución.

—Señor Leonardo, deme estas cinco pinturas. A cambio, no pagará alquiler durante cinco meses. Y póngase una chaqueta porque vamos, le voy a obsequiar algunos víveres.

Por supuesto, rechazó la segunda parte de la propuesta. El orgullo siempre está en todos lados. Sin embargo, aceptó el intercambio de las obras con gratitud.

Nos despedimos.

Guardé los cuadros en la camioneta, la cerré y caminé hasta el supermercado de la esquina. El gerente es amigo mío.

Le dije:

—Prepara un buen mercado para un mes y envíaselo al señor Leonardo. Él también conocía a Leonardo. Después me pasas la cuenta y te hago la transferencia.

Y así ocurrió.

De allí salí para donde Maribel, una gran amiga y especialista en arte, además de museóloga con muchos años de experiencia.

Le pedí que evaluara las obras y, si era posible, que les buscara compradores.

Después de examinarlas cuidadosamente me dijo:

—Estas obras tienen mucho valor. El estilo es poco común, pero está muy bien apreciado dentro de ciertos círculos. Creo que puedo encontrarles clientes.

Hoy, mientras escribo estas líneas, Maribel me llamó.

La noticia me dibujó una sonrisa.

Las pinturas ya fueron vendidas y en mi cuenta internacional está una cantidad bastante interesante de dólares.

Claro está, Maribel hizo lo que cualquier profesional haría: tomó su comisión.

Es justo.

Ahora, cuando termine de escribir este relato, llamaré a Leonardo para darle la buena noticia. No solo podrá pagar la renta por un año y más, sino que además existe la posibilidad de que participe en varias exposiciones gracias a los contactos de Maribel.

A veces las puertas se cierran cuando menos lo esperamos.

Pero también hay ventanas dispuestas a abrirse.

Por eso sigo creyendo que Dios tiene maneras sorprendentes de actuar. Nos pone a prueba, nos aprieta en ciertos momentos, pero nunca deja de mostrarnos caminos cuando más lo necesitamos.

Hasta aquí mis cinco minutos y creo que me pasé.

© 2021-2026 Germán Andrade G. Todos los derechos reservados.

El contenido original fue escrito para:
6 June 2026, Freewriters Community Daily Writing Prompt Day 3126: can’t afford the rent por @daily.prompt.

La imagen fue editada con CANVA.

*Es mi responsabilidad compartir con ustedes que, como hispanohablante, he tenido que recurrir al traductor Yandex Translate para llevar mi contenido original en español al idioma inglés. También hago constar que he utilizado la herramienta de revisión gramatical Grammarly.

6 de junio de 2026


English

The Rent and the Canvas

—I can’t afford the rent!

That was the exact phrase my tenant told me when I went to collect the month's overdue payment.

I own an apartment in the eastern part of the city, in one of its most iconic neighborhoods. For decades, it was home to immigrant families who arrived in the country looking for opportunities. Spaniards, Italians, and Portuguese lived there together. I grew up within that community, made great friends, and shared a good part of my life. Almost all of us knew each other: we grew up together, got married, and, over time, many ended up emigrating.

When my parents passed away, the apartment was left to us, their children. We all agreed that I would be the one in charge of managing it.

Since each of us had acquired our own home, the family apartment was left practically empty. We would visit to clean it, pay the condo fees, and spend an occasional night together as siblings. It was a way to keep it alive and prevent it from looking abandoned—something crucial at a time when criminals and squatters found opportunities in any unoccupied property.

During one of those family gatherings, several of my siblings announced that they, too, were leaving the country. As I have mentioned on other occasions, Venezuela was going through difficult times, and a sense of abandonment could be breathed everywhere. I decided to stay. Together, we agreed to rent out the apartment so it wouldn’t remain empty. Besides, there was a powerful reason: before he died, Dad asked us never to sell it.

The tenant was a gentleman named Leonardo, an artist dedicated to oil painting.

At first, I had my reservations. I was afraid he might be one of those people who take advantage of other people's property. However, a trusted neighbor spoke very highly of him. He assured me that Leonardo was responsible and reliable.

And so he was.

For years, he paid punctually every month.

Until the first of June of this year arrived.

I checked the bank account where he made the deposits and noticed there was no movement. I thought perhaps he had run into some inconvenience and decided to give him a few days.

On June 4th, I checked again.

Nothing.

I tried calling him on the phone and discovered he no longer had the same number. According to what I was told, he had sold the device along with the phone line.

It was time to visit him.

As I drove toward Chacao, where the apartment is located, my mind began to manufacture all kinds of scenarios. I thought that maybe he had decided to stop paying and keep the property. I also imagined that he hadn't managed to sell his artwork and was going through a complicated financial situation. I even thought that something worse might have happened. A similar story happened to a friend of mine with one of his tenants.

When I arrived at the building, I ran into the usual neighbors: old friends of my father and some of their children. We talked for a few minutes about the country's never-ending situation, and then I asked them about Leonardo.

They all answered the same thing:

—We haven't seen him in a while.

That did nothing but increase my suspicions.

I went up to the apartment.

I knocked on the door.

I waited.

I rang the doorbell.

I waited again.

Finally, the door opened.

Leonardo greeted me without looking up.

I returned the greeting and, with all possible courtesy, explained that I was worried because I hadn't been able to reach him and hadn't received the rent payment either.

Then came a deafening silence.

Leonardo kept looking at the floor.

And he spoke.

—I can’t afford the rent. I'm barely eating once a day. The paintings aren't selling.

Then he showed me some of his works.

What I saw put me straight into fascination mode.

Those paintings were extraordinary. It had been a long time since something other than a woman had captured my attention that way. It was a caress for my eyes.

As I looked at those works, my mind began to work at top speed.

And suddenly… a solution.

—Mr. Leonardo, give me these five paintings. In exchange, you won't pay rent for five months. And put on a jacket because we're going out; I’m going to buy you some groceries.

Of course, he rejected the second part of the proposal. Pride is always everywhere. However, he accepted the exchange of the artwork with gratitude.

We said goodbye.

I stored the paintings in the truck, locked it, and walked to the supermarket on the corner. The manager is a friend of mine.

I told him:

—Prepare a good month's worth of groceries and send them to Mr. Leonardo. (He knew Leonardo too. Afterwards, send me the bill, and I'll wire you the money.

And so it happened.

From there, I went to see Maribel, a great friend and art specialist, as well as a museologist with many years of experience.

I asked her to evaluate the pieces and, if possible, find buyers for them.

After examining them carefully, she told me:

—These works have a lot of value. The style is uncommon, but it is highly appreciated within certain circles. I think I can find clients for them.

Today, as I write these lines, Maribel called me.

The news put a smile on my face.

The paintings have already been sold, and a rather interesting amount of dollars is now in my international account.

Of course, Maribel did what any professional would do: she took her commission.

It's only fair.

Now, when I finish writing this story, I will call Leonardo to give him the good news. Not only will he be able to pay the rent for a year or more, but there is also a possibility that he will participate in several exhibitions thanks to Maribel's contacts.

Sometimes doors close when we least expect them.

But there are also windows ready to open.

That’s why I keep believing that God has surprising ways of acting. He tests us, He squeezes us at certain moments, but He never fails to show us paths when we need them most.

That's it for my five minutes, and I think I went over.

© 2021-2026 Germán Andrade G. All rights reserved.

The original content was written for:
6 June 2026, Freewriters Community Daily Writing Prompt Day 3126: can’t afford the rent by @daily.prompt.

The image was edited with CANVA.

June 6, 2026

It is my responsibility to share with you that, as a Spanish speaker, I have had to resort to the translator Yandex Translate to translate my original Spanish content into English. I also state that I have used the grammar-checking tool Grammarly.

Sort:  

Qué bueno que todo se solucionó satisfactoriamente @germanandradeg !

En la situación que estamos atravesando es un poco complicado llegar a buen fin. Conozco propietarios que cobran muy poco por el alquiler, no tienen contratos entre propietario e inquilino. Esto con la finalidad de que el inmueble no lo invadan. Se arriesgaron a todo. Generalmente son personas mayores que trabajaron y pensaron que el alquiler de las propiedades les daría el sustento para la vejez. Pero, en nuestro país eso no ocurrió. Esas mismas personas que tienen propiedades tienen ayudas económicas de gobiernos extranjeros y con eso completan sus gastos. Si no fuera por eso tendrían que irse a sus países de origen donde, lamentablemente, la mayoría no tiene propiedades. Solo cuenta con la familia y la mayoría de ellos son pensionados; por lo que no se atreven a retornar. Y a veces les invade el miedo porque para solicitar ayuda a esos países tuvieron que decir que solo poseen una propiedad. Están angustiados. Y los precios del mercado nacional todavía no son competitivos.

Feliz día!

Info - Support - Reports - Discord
topcomment.png

Support engagement with a delegation to topcomment:
50HP - 100HP - 250HP - 500HP - 750HP - 1000HP - 1500HP


Curated by iriswrite

¡Hola, @katleya!

Totalmente de acuerdo contigo. A eso puedo sumar que mis conocidos, quienes tienen años aquí y vinieron siendo unos bebés, aun cuando tienen doble nacionalidad, no se sienten identificados con los países de sus padres, al igual que sus padres se sienten más de aquí. El amor por la tierra que los cobijó es muy grande.

Algo parecido les está pasando a mis hijos; ellos dicen que lo más probable es que no vuelvan o lo harán en vacaciones porque donde están ya tienen su vida hecha. Por otra parte, mis conocidos descendientes de los europeos, más que muchos nativos de aquí, han tenido la fuerte esperanza de que la pesadilla pasara y todo tomara el cauce que corresponde. Así lo pienso.

Mi familia toda se fue, pero yo decidí quedarme. Así habrá alguien que los reciba cuando vuelvan si así lo deciden. Son muchos años de horror que son difíciles de borrar de un plumazo, pero todo se acomodará porque Dios es grande y siempre está con los buenos. Por ahora, los que estamos aquí debemos mantener la actitud del protagonista de la historia: ser solidarios, ayudar a nuestro prójimo que la pasa terrible al igual que nosotros. A nadie le va mal por hacer el bien.

Mil gracias por tu amable comentario. Sigamos viendo el horizonte; por allí llegará el amanecer que esperamos.

¡Bye!

!ALIVE

!ALIVE !HEARTBEAT

Inquilino en esta vida y en la siguiente, he conocido caseros a los que consideré amigos y otros. Bueno, cada quien con su conciencia. Emigré y vuelvo a pagar alquiler, mientras mi casa me espera a la vuelta. La verdad, no me animé a alquilar porque, como dicen, caras vemos, corazones no sabemos.

Marchante de arte, me parece una bella y lucrativa actividad. Buena suerte, Leonardo.

Tanto hoy como antes, alquilar —ya sea con administradoras o directamente— es un arma sin seguro. En cualquier momento se puede disparar y uno puede quedar herido. En mi opinión, hiciste bien en la forma en que manejaste tu propiedad, y espero que a quien le hayas dado la potestad o vigilancia lo haga bien. También he sabido de quienes se han ido, dejaron sus casas a su mejor amigo y la amistad se quebró como un rompecabezas; ahora no hay forma de armarla otra vez ni de recuperar el inmueble. Un abrazo, amigo mío. Bendiciones a la familia.
!ALIVE

Confieso que tenía miedo de cómo iba a terminar la historia, pero me dejó satidfecho.
Tiempos didfíciles donde una mano siempree stá o llega.
Gracias por este relato, @germanandradeg
Recibe un saludo del alma y mis bendiciones.

Una amiga que leyó el relato antes de publicarlo me dijo exactamente lo mismo. Es muy grato saber que esta historia causó ese estado. Mil gracias por tu lectura, mi buen amigo @emiliorios. Amén, amén, amén.
!ALIVE

Un abrazote grandpte, @germanandradeg

Loading...