
A veces no quiero soluciones.
No quiero consejos.
No quiero que me digan que todo va a estar bien.
A veces solo quiero llorar.
Porque hay días en los que ser ama de casa se siente más pesado de lo que imaginé.
Un bebé pequeño que me necesita todo el tiempo.
Una casa que no se detiene.
Y yo… la mayoría del tiempo sola.
En mi país todo tiene que hacerse corriendo.
La comida, los oficios, hasta descansar.
Porque la corriente se va, y cuando vuelve, hay que aprovechar cada minuto como si fuera el último.
Pero no es solo eso.
Es ver cómo el salario no alcanza.
Cómo no llega para la comida, ni para la ropa, ni para lo más básico.
Es estirar cada cosa hasta que ya no da más.
Es hacer cuentas todos los días y que nunca cuadren.
Es querer darle lo mejor a tu hijo y sentir que siempre falta algo.
Es preocuparte por el aseo, por la renta, por todo… al mismo tiempo.
Y en medio de todo eso, también estoy yo.
Cansada.
Abrumada.
Tratando de no romperme.
Hay momentos en los que no quiero ser fuerte.
En los que no quiero seguir resolviendo.
En los que solo me dan ganas de recogerlo todo…
y desaparecer lejos, donde nada de esto me alcance.
Y entonces lloro.
Porque es demasiado.
Pero incluso ahí, con los ojos llenos de lágrimas y el pecho apretado, sigo aquí.
Sosteniendo.
Intentando.
Haciendo lo que puedo con lo poco que hay.
Y aunque a veces sienta que me estoy desmoronando,
la verdad es otra:
No me he rendido.
Y eso, en un lugar donde todo pesa el doble,
ya es una forma de resistencia.
Espero todo cambie para mí y para mí esposo @valderalazaro espero que sea para mejor
Agradezco a @bradleyarrow por toda la ayuda y a su fundación BBh
A @cathyarrow que siempre está pendiente de lukas 🤍
Siempre escribe con el corazón 🤍🤍🤍🤍

