La caída del SEN en Cuba: ¿un evento histórico o una nueva temporada de supervivencia?

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La caída del SEN en Cuba: ¿un evento histórico o una nueva temporada de supervivencia?
La caída del SEN en Cuba: ¿un evento histórico o una nueva temporada de supervivencia?

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Hay momentos en la vida de un cubano que merecen una placa conmemorativa, un documental y quizás hasta una serie de Netflix. La caída del SEN (Sistema Eléctrico Nacional) es uno de esos momentos donde uno se pregunta: ¿estamos viviendo un hecho histórico o simplemente desbloqueamos un nuevo nivel del videojuego llamado “sobrevivir en Cuba”?

Porque cuando se va la corriente, no desaparece solamente la electricidad. También desaparecen misteriosamente las ganas de cocinar, la paciencia, el sueño y hasta la poca batería que quedaba en el teléfono después de revisar veinte veces si ya había vuelto la luz.

El apagón convierte la casa en una especie de campamento de exploradores. El ventilador pasa de ser un electrodoméstico normal a convertirse en el objeto más importante de la familia. El celular se carga como si fuera un tesoro nacional y cada persona desarrolla un sexto sentido para detectar el sonido mágico de un motor arrancando a lo lejos.

—¡Llegó la corriente! —grita alguien desde la sala.

En ese momento comienza una carrera olímpica: conectar el refrigerador, poner a cargar los teléfonos, encender la televisión y aprovechar hasta para cargar un dispositivo que nadie recordaba que existía. Porque en Cuba cuando vuelve la electricidad, hasta la cafetera siente que tiene una segunda oportunidad en la vida.

Pero lo más curioso es cómo un apagón puede cambiar la rutina de todos. Los vecinos vuelven a salir a los portales, aparecen conversaciones que llevaban meses dormidas y de repente alguien cuenta una historia que empieza con: “Cuando yo era joven también pasábamos apagones...”.

El SEN caído nos recuerda que, aunque la tecnología nos ha acostumbrado a tenerlo todo al alcance de un botón, todavía somos capaces de volver a lo básico: conversar, compartir y buscar soluciones juntos.

Claro, tampoco vamos a romantizar demasiado la situación. Dormir con calor, perder alimentos o pasar horas sin electricidad no es precisamente unas vacaciones en un hotel cinco estrellas. Pero si algo tiene el cubano es una capacidad impresionante para encontrar humor incluso cuando las circunstancias no ayudan.

Quizás dentro de unos años recordaremos estos apagones como una etapa más de nuestra historia. Tal vez nuestros hijos escuchen estas historias y no puedan creer que hubo una época donde una persona podía emocionarse más al ver encenderse un bombillo que al recibir una notificación en el teléfono.

La caída del SEN puede quedar escrita como un problema energético, pero para muchos cubanos será también una colección de historias: la del vecino que ayudó, la familia que inventó una solución, el niño que descubrió que una noche sin televisión también podía ser divertida.

Porque al final, la electricidad puede irse... pero el ingenio cubano parece tener batería infinita.Quizás la mayor enseñanza que nos deja cada apagón no está en la oscuridad, sino en lo que somos capaces de hacer cuando las luces se apagan. Nos recuerda que la tecnología ayuda, pero la unión, la creatividad y el sentido del humor son energías que ningún problema puede cortar. Porque mientras exista un cubano dispuesto a compartir una historia, un café o una sonrisa, siempre habrá una pequeña luz encendida en medio de cualquier tormenta.
Gracias a mí familia y todos los que leen mi blog
A mí hija @diazktty y a su marido @valderalazaro por la familia que me han dado y a la comunidad BBH por su gran trabajo
Alive !!!

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