[Eng./Esp.] Beyond the simple anatomy of words. || Más allá de la simple anatomía de las palabras.

in Freewritersyesterday


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Etymology is often a physical destination. From the Latin supprimere, the word is constructed with the prefix sub—under—and premere—to press. Visually, it is an open hand firmly descending on something trying to emerge. In English-speaking culture, this action is more than a verb; it is a social choreography, a legal tool, and a biological survival mechanism. Let me explain.


Beyond the simple anatomy of words

Imagine a boardroom where the air is thick with invisible tension. Someone makes a huge mistake, a comical slip-up that, in any other context, would provoke roaring laughter. However, you observe the faces: jaws tense, lips tighten. There, in that icy silence, an act of suppression is taking place. Unlike repression—that dark, unconscious forgetting that dwells in the basements of the psyche—suppression is a choice. It is the conscious effort to push laughter down into the stomach to save one's reputation. It is the famous “stiff upper lip,” that elegance of self-control where the individual decides that composure is more important than impulse. Yawning is suppressed, crying is suppressed, anger is suppressed. It is the art of being a pressure cooker that voluntarily decides not to whistle.

But the word changes texture when it leaves the individual and enters the corridors of power. In public discourse, “suppress” loses its nuance of courtesy and takes on one of force. When we read that a truth has been suppressed, we don't imagine someone stifling a yawn, but rather heavy machinery silencing a voice. Here, the word becomes political. We talk about “voter suppression” not as a magical disappearance of people, but as the creation of invisible obstacles—red tape, closures, distances—that push down on the right to vote until it is no longer enforceable. It is a way of erasing without using an eraser, simply by preventing the stroke from reaching the paper.



Thanks to the Banana Gemini 3 Pro app for bringing my idea to life in this image.

When we move to the courts, the term takes on a technical formality. A lawyer stands up and files a “motion to suppress evidence.” In this legal theater, suppression does not mean destroying the evidence in a bonfire. It means that even though the evidence exists and everyone knows it is there—a video, a weapon, a confession—the judge blindfolds justice and decrees that this information cannot enter the courtroom. It is a suppression by protocol: the reality remains outside the official record because the process of obtaining it was impure.

Even the body, in its silent wisdom, understands this concept. When a doctor prescribes an “immune suppressant,” they are asking our defenses to take a step back, to stop fighting, sometimes to allow a foreign organ to save our lives. Or the humble cough syrup, a “cough suppressant,” which does not cure the infection, but orders the brain to ignore the tickle in the throat. It is the body learning to silence its alarms so it can rest.

Ultimately, living under the rule of this word is to understand that the English-speaking world values order over catharsis. “Suppress” is a constant reminder that there are things—feelings, vows, trials, reflexes—that must be kept below the surface. It is the hand that presses down, keeping calm on the surface, while underneath, everything contained waits, with the patience of the tides, for the moment when the pressure finally yields.




Come and participate, there's still time. You can find all the information daily in the #Freewritehouse Community. Specifically, today's prompt post:


PROMPT: «suppress»



Cover of the initiative.










Dedicated to all those writers who contribute, day by day, to making our planet a better world.













La etimología es, a menudo, un destino físico. Del latín supprimere, la palabra se construye con el prefijo sub —debajo— y premere —presionar—. Visualmente, es una mano abierta que desciende con firmeza sobre algo que intenta emerger. En la cultura angloparlante, esta acción es más que un verbo; es una coreografía social, una herramienta legal y un mecanismo de supervivencia biológica. Les explico.


Más allá de la simple anatomía de las palabras

Imaginemos una sala de juntas donde el aire está saturado de una tensión invisible. Alguien comete un error garrafal, un desliz cómico que, en cualquier otro contexto, provocaría una carcajada estrepitosa. Sin embargo, observas los rostros: las mandíbulas se tensan, los labios se aprietan. Allí, en ese silencio gélido, se está ejecutando un acto de supresión. A diferencia de la represión —ese olvido oscuro e inconsciente que habita en los sótanos de la psique—, la supresión es una elección. Es el esfuerzo consciente de empujar la risa hacia el estómago para salvar la reputación. Es el famoso “stiff upper lip”, esa elegancia del autocontrol donde el individuo decide que su compostura es más importante que su impulso. Se suprime el bostezo, se suprime el llanto, se suprime la rabia. Es el arte de ser una olla a presión que decide, voluntariamente, no silbar.

Pero la palabra cambia de textura cuando sale del individuo y entra en los pasillos del poder. En el discurso público, “suppress” pierde su matiz de cortesía para adquirir uno de fuerza. Cuando leemos que una verdad ha sido suprimida, no imaginamos a alguien conteniendo un bostezo, sino a una maquinaria pesada silenciando una voz. Aquí, la palabra se vuelve política. Se habla de la “supresión de votantes” no como una desaparición mágica de personas, sino como la creación de obstáculos invisibles —trámites, cierres, distancias— que presionan hacia abajo el derecho al voto hasta que este deja de ser ejecutable. Es una forma de borrar sin usar una goma, simplemente impidiendo que el trazo llegue al papel.



Gracias a la App Banana Gemini 3 Pro, por plasmar mi idea en esta imagen.

Si nos trasladamos a los tribunales, el término se reviste de formalidad técnica. Un abogado se pone de pie y presenta una “motion to suppress evidence”. En este teatro legal, suprimir no significa destruir la prueba en una hoguera. Significa que, aunque la prueba existe y todos saben que está ahí —un video, un arma, una confesión—, el juez le pone una venda en los ojos a la justicia y decreta que esa información no puede entrar en la sala. Es una supresión por protocolo: la realidad queda fuera del registro oficial porque el proceso para obtenerla fue impuro.

Incluso el cuerpo, en su sabiduría silenciosa, entiende este concepto. Cuando un médico prescribe un “immune suppressant”, está pidiendo a nuestras defensas que den un paso atrás, que dejen de luchar, a veces para permitir que un órgano ajeno nos salve la vida. O el humilde jarabe para la tos, un “cough suppressant”, que no cura la infección, sino que le ordena al cerebro ignorar el cosquilleo en la garganta. Es el cuerpo aprendiendo a callar sus alarmas para poder descansar.

En última instancia, vivir bajo el dominio de esta palabra es entender que el mundo angloparlante valora el orden sobre la catarsis. “Suppress” es el recordatorio constante de que hay cosas —sentimientos, votos, pruebas, reflejos— que deben mantenerse bajo la superficie. Es la mano que presiona hacia abajo, manteniendo la calma en la superficie, mientras debajo, todo lo contenido espera, con la paciencia de las mareas, el momento en que la presión, finalmente, ceda.




Ven y participa; aún estás a tiempo. Toda la información la podrás encontrar cada día en la Comunidad #Freewritehouse. Específicamente, el día de hoy, aquí la publicación del prompt:


PROMPT: «omitir / suprimir / obviar / disfrazar...»



Portada de la iniciativa.






Dedicado a todos aquellos que, día a día, con su arte, hacen del mundo un lugar mejor.






Sort:  

Excelente reflexión, @amigoponc Pero igualmente "suprimir" es siempre eliminar algo, aunque se haga en silencio, por debajo de la mesa. En el mío hablo del intento por "suprimir" la mala alimentación, pero las circunstancias no lo permiten. Es una supresión, o mejor dicho una "no supresión" benial.